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… menos sé escribir.

Wall-E. Bellísima. Ha resultado ser una peli la mar de sencilla, cuasi muda, con mucho slapstick y el toque justo de pesimismo distópico. Muy grande. Solo me ha quedado una duda, no estoy seguro de cuál es la peli que ve el robotito una y otra vez -con un Ipod de los antiguos- y que le deja el chip sentimental listo para enamorarse de la guerrillera Eva. ¿Es Mary Poppins? ¿El tipo es Dick Van Dike? Si alguien lo sabe, ya sabe…

ACTUALIZO:

Vale, la película que tiene a Wally hasta las tuercas es Hello, Dolly!, la versión de 1969 dirigida por Gene Kelly, protagonizada por Barbra Streisand y Walter Matthau.

… hasta que descubrí esta página, pero para mí ya es un clásico. Morning Train (nine to five) de Sheena Easton era nº1 en el Billboard el día que nací. En esta canción Shenna habla de su chico, que coge el tren para trabajar de 9 a 5, y que luego la lleva al cine y hacen cosas juntos y se lo pasan en grande. La canción habla de cosas que me importan, y algún día quiero escribir algo basado en la letra, para cerrar el círculo.

… lo peor de leer casi en exclusividad a gente que ya ha muerto o que es demasiado anciana para que le vengas con tonterías es que no tienes la posibilidad de espiar su blog. Tolstoi nunca pudo acceder a blogspot; Vonnegut ni se planteó hacerse una cuenta en wordpress; Wolff es demasiado anciano para que le vengas con tonterías. Así que, para subsanar este calamitoso desfase temporal, estos días he estado leyendo la primera novela de John Connolly, autor que tiene un blog como un piano (negro como Usain Bolt) y a Boyero relamiéndose las encías. Dice el entrañable crítico del elpaís que Connolly es el nuevo rey del género negro, que es el sucesor de Raymond Chandler y que incluso le pasa por encima de un prodigioso salto (yo no diría tanto. Puede que sea mejor escritor, pero Chandler es más inteligente, más divertido, más agrio). En fin, que ya que estoy, dejo también el pasatiempos de Nick Hornby y el de Neil Gaiman. Y que vivan los JJOO.

Por fin se fueron los albañiles y ahora, a la hora del té, salgo al pasillo y paso un rato con las palomas, a ver caer el sol con ellas. Porque gracias a pichón ahora las respeto y las transijo, y si quieren cagar que se caguen, o es que vosotros no os cagáis de vez en cuando, hombre ya. Ángeles del aire, eso es lo que son.

Ayer, a eso de las ocho, pausé el Superunknown entre Let me drown y My wave. Luego se me olvidó que lo estaba escuchando. Hoy, ahora mismo, lo he reanudado. Y suena mejor, por dos razones: la primera, porque los de renta se rascan el bolsillo, ya era hora. La segunda, porque ahí abajo, más allá de la fuente, van a comenzar los problemas y las soluciones de María, la protagonista del guión que voy a escribir ahora. YA.

"Llevo años pensando en tirarme al ruedo de los cigarrillos liados. Nunca
fumé, pero es una idea atractiva. Toda esa ceremonia de preparar el
papel, posarle el tabaco y chuparlo cuidadosamente me parece una forma
muy conveniente de ver pasar la vida. Y favorece la sinapsis, dicen."

Yo, hace un par de horas, contándoselo por mail a un amigo. Creo que esa idea, la irresistible estética del cigarrillo, me viene de esta memorable secuencia de Smoke escrita por Paul Auster, en la que se habla, maravillosamente, del peso del humo. Ahí va:

David es amigo de una vaca,

la lleva de paseo, a insólitos parajes,

y, a veces, a fiestas fin de rodaje.

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